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Los Petroglifos de Chichictara (Palpa, Ica – Perú)

Chicchitara es una zona de petroglifos espectaculares, ubicada en el valle de Palpa, provincia del mismo nombre en el departamento de Ica en Perú. Aqui se han registrado mas de 300 petroglifos plasmados sobre rocas volcánicas y aluviales, representando dentro de su iconografia, a figuras de felinos, aves, serpientes, camelidos, camarones, monos, venados, serpientes bicéfalas, el sol, la luna, representaciones humanas, figuras espirales entre otros. Los dibujos estan hechos en la parte plana de las piedras

Los petroglifos de Chichictara (que en quechua quiere decir “lluvia de arena”) forman parte de una de las expresiones culturales más importantes del pasado del Perú.

Hace más de 5000 años, el valle de Palpa estuvo habitado por culturas de origen temprano, quienes plasmaron los eventos de su vida cotidiana, tanto como de animales, aves, deidades, y muchas otras representaciones que hoy son objetos de investigación para el mundo cientifico.



Si se toma como referencia a la carretera Panamericana, Palpa se ubica
a unos 400 km al sur de Lima, a 100 al sur de Ica, a 50 km del norte
de Nazca y a solo 3 km de Casa Blanca.

La distancia en horas que hay desde Lima
e Ica es de 1 hora
con 20 minutos.

Palpa es la segunda ciudad más pequeña en el grupo de ciudades importantes de la Región Ica después de San Clemente en Pisco

Estos antiguos petroglifos se encuentran esparcidos sobre un valle estrecho en la ruta empinada que lleva a los Andes. Existen muchas secciones en las cuales se pueden ver diversos tipos de tallados sobre las rocas.


Las zonas mas relevantes podemos dividirlas en 3:


Primera zona: Caracterizada por El Ciclo de la Vida, aquí se puede apreciar a los humanos en sus etapas de nez, juventud, adultez, vejez y muerte.

El mejor petro glifo de la zona es una roca cuya superficie plana se tallo las figuras de tres antiguos sacerdotes de la era pre-Inca.

A esta gran representación se le conoce como la Roca de las Tres Edades, pues representa a 3 hombres con atuendos y adornos en el rostro. Es sin duda, una de las mejores atracciones de la zona.

Segunda Zona: caracterizada por petroglifos bien definidos de aves a la altura de una choza, muy cerca de la carretera.

Tercera Zona: La más grande con
petroglifos que representan humanos, zorros, seres míticos,aves,
figuras geométricas y otras figuras propias de la cosmovisión andina,
entre ellas destacan una bella representación del Puma Andino y una
enorme roca plana, sobre la cual se han tallado serpientes con dos
cabezas


El recorrido de estas 3 rutas se puede hacer en un lapso de 4 horas de caminata entre enormes rocas rojizas y terreno desértico propio de la zona.
Pero Chichictara no es este el único lugar de Palpa que presen ta petroglifos con estas características. En efecto también hay en Huaraco, Río Grande, La Caseta y Oronguillo entre otros lugares. El ascenso a Chichictara es una mezcla de turismo de aventura) con turismo arqueológico. Desde las cumbres se observa el valle Palpeño y, precisa mente, la dificultad para su ascenso lleva a los investigadores a la conclusión de que se trataba de un lugar sagrado.

Los estudiosos esotéricos encuentran en Chichictara un centro ideal para sus investigaciones por el sorprendente contenido simbólico de sus figuras, tales como la serpiente bicéfala, la cruzen las partes sexuales de hombre y mujer, entre otras Chichictara es un formidable conjunto de Petroglifos, todos los cuales han sido inventariados, pero lamentablemente algunos erosionados por el tiempo van camino a la extinción.


r Chichictara es realizar un impactante encuentro con el pasado.

Para acceder a la galeria de fotos, haga click
AQUI


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Sueños de gente madura

Maduro no es quien ya estuvo tiempo suficiente en la vida; es quien tiene vivencias, que pueden no estar necesariamente asociadas a la edad.
Todo en la vida es encanto cuando ingresamos en la adolecencia. Todos los sueños son posibles, todo es fiesta y el paraíso parece estar al alcanze de nuestras manos. Hallamos que el primero amor va a durar para siempre, que vamos a progresar en el trabajo, que las personas con las cuales convivimos serán siempre sinceras y gentiles.
Un día, somos puestos delante de los primeros obstáculos: perdemos nuestro amor, anochece en el paraiso, descubrimos que necesitamos competir y trabajar duro para llegar a algún lugar y que ni todas las personas quieren nuestro bien.
Nuestros sueños se quiebran y adquirimos experiencias, nos volvemos adultos, maduramos. Y duele. Dolemos nosotros, duele nuestro ser, duele la vida. Algunas personas desisten, se cansan de los desengaños y se déjan llevar. Nunca crecen, nunca construyen nada. Descreen de los sueños y de su poder mágico. Envejecen prematuramente, vuélvense gruñonas y mal humoradas.
El mundo está lleno de ellas.
Sin embargo, hay personas maduras que todavía sueñan. Sólo que es un sueño distinto, no sueñan construir, comenzar, conquistar. Ellas sueñan reconstruir, recomenzar, reconquistar.
Personas maduras sueñan despues de haber vivido, después de haber quebrado la cara, de haber tenido decepciones, de haber tenido pesadillas, aunque ya hayan enfrentado la dura realidad de que ni todos los sueños se realizan. Pero ellas saben que vale la pena soñar. Y aún sueñan… conscientemente!
Aman de nuevo, de nuevo y de nuevo!…Caen, recomienzan y recomienzan cada vez que caen.
Creen siempre que en la próxima vez va a ser diferente.
Colocan sus sueños en las manos y no los largan! Generalmente, esas personas viven más tiempo y el tiempo que viven es bien más aprovechado.
Son idealistas y benditas!
Las personas maduras que aún sueñan son el sueño de la vida, son la proyección de los mejores deseos de Dios aquí en la tierra.


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Y DIOS COMO TE HIZO?

Y Dios me hizo mujer
De pelo largo,
Ojos, nariz y boca de mujer
Con curvas y pliegues
Y suaves hondonadas
Y me cavó por dentro
Me hizo un taller de seres humanos
Tejió delicadamente mis nervios
Y balanceó con cuidado
El número de mis hormonas
Compuso mi sangre
Y me inyectó con ella
Para que irrigara
Todo mi cuerpo,
Nacieron así las ideas
Los sueños, el instinto
Todo lo creó suavemente
A martillazos de soplidos
Y taladrazos de amor,
Las mil y una cosas que me hacen mujer
todos los días
Por las que me levanto orgullosa
Todas las mañanas
Y bendigo mi sexo

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Naúfrago del Tiempo


No me va bien
pero no me va mal
transito por el mundo
buscando la brújula

He recorrido mil puertos
desde el inicio de mi viaje
corriendo sin respirar
solo cargando mi saco de dudas

He caído mil veces
tantas que no podría contar
unas veces con el alma rota
otras veces sin la misma alma

Recorro puertos de puertos
buscando sin parar
preguntándome a mi mismo
a donde he de llegar

Mi espíritu ya no es el mismo
lleva tatuada la humanidad
esas dudas del alma
que no han podido parar

En un inicio fue suave
camino que se formaba
pocas calles alumbradas
sin semáforos en los cuales parar

Cada vía se volvía eterna
cada oscuridad un lugar
sentimientos encontrados
en este viaje sin lugar

Soy un naufrago de la vida
buscando una isla donde parar
ermitaño del tiempo
en este viaje singular

                   Jose Carlos Botto Cayo
            

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   Muelle de       Solitario Caballito de
   Pimentel          
Totora – Pimentel

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DIARIO DE UN POLLITO

Las dos estaban con llave. Abrí primero la puerta blanca y después la reja que había detrás. Temblaba sobre mis dos patitas, recién había salido de la ducha y tenía los pelos todavía mojados.

El señor estaba parado y apoyaba su codo sinuoso en el umbral de la entrada. Llevaba puestas unas botas y una bonita capa que flotaba por encima de sus hombros.

Entreabrió los labios, se tocó los bigotes y dejó salir muchas palabras seguidas: “los un planos buscado de ti hola luna, tengo fiebre, he tu casa en todos años de la ciudad”… o algo así, en realidad no lo recuerdo bien.

Mis pelos rubios se me pegaron más al cuello y a los hombros y a la espalda: yo tenía un cabello muy largo que me cubría casi todo el cuerpo. Creo que se me veía un poco llenita, redondita diría, sobre todo el pecho, las caderas y el trasero.


Cerré el pico, no por nada, sólo de nervios y mis ojos se redondearon más, hasta que al fin atiné a decir: “pasa” y sonreí mientras castañeaba con los dientes.

Entró y miró mi casita, que creo que le pareció bonita, eso sí recuerdo que dijo: “qué lindo lugar”.

Yo le agradecí y le invité un pisco para poder calentarme: era julio y había comenzado a enfriar.

Aceptó felizmente y traje dos vasitos y una botella y nos sentamos en el suelo alrededor de la mesa. Luego todo fue un poco más fácil: él me preguntaba cosas y yo feliz contando acerca de mí, de mi casa, de mi carrera, de mi vida. Mientras hablaba dejaba de temblar y eso me hacía sentir más tranquila, pero bastaba que me quedara callada 3 ó 4 segundos e inmediatamente volvía la agitación al interior mío.

El sonreía de medio lado y respiraba tranquilo y silencioso mientras sus pupilas centelleaban como si respondieran a las mil ideas que pasaban por su cerebro en ese momento.

Me imagino que el señor debió hablar también esa noche pero no he registrado nada. Sólo recuerdo que me impactó cuando dijo: “intuímos dos palabras está preguntas mar, nunca contigo, amor de cucharitas, edredón niñas, frío, estar tendrías la he lo?”

Estoy segura que fue exactamente en ese momento cuando decidí seguir viéndolo y así nuestros encuentros comenzaron a tener cierta continuidad.

El era simpático, osado, diferente y gracioso: siempre me hacía reír y eso era bueno porque así todo mi revoloteo salía bajo la forma de una carcajada. Yo me sentía como un pollito recién salido de la ducha y feliz.

Ducha, dichosa, feliz preciosa perezosa…… empecé a sentirme creativa, se me ocurrían más chistes, reía, lo besaba y temblaba.

Entre tanto espasmo, me sentía tan vibrante que no me importaba nada más que el señor finalmente llegara y tocara el timbre de mi casa.

A veces desaparecía por varios días, no sabía nada de él: si estaba de viaje nuevamente o andaba muy ocupado con tanto trabajo. Durante ese tiempo me quedaba totalmente quieta, casi no me movía de la cama y sentía mucha hambre y frío; prefería no bañarme porque el pelo se me caía y me veía flaca y fea.

El señor era un gran aventurero, atravesaba todas las ciudades con su capa y sus botas. Le gustaba sobre-todo transitar de noche y sobrevolar con firmeza por encima de los techos, luminoso, fugaz. Decían de él que no recordaba lo que era el miedo, que amaba la hora del crepúsculo y que a veces cuando no había mucha claridad, igualmente se lanzaba de cuerpo entero por los cielos rasos. Tantos años de experiencia lo habían curtido y lo habían transformado en un experto.

Cuando regresaba y con sus ojos bailarines me preguntaba cómo estaba, yo no atinaba a decirle nada. A veces lo intentaba pero en ese instante todo se estremecía dentro de mí y terminaba congelada, petrificada, sin poder pronunciar palabra.

Entonces él me tomaba de la muñeca o envolvía mi mentón con sus manos y yo poco a poco me iba calentando, él me abrazaba y me contenía entre sus fuertes brazos. Yo me endulzaba. Luego iba apoyando su mano sobre mi cuerpo redondito y suavecito, me acariciaba mi largo pelo y entonces toda ansiedad se disipaba. Con los cuerpos juntitos entrabamos en nuestro ritual: cada espacio mío acogía perfectamente cualquier lugar de su piel. Él se dejaba cobijar y ronroneaba. Yo ya tranquila y feliz y temblando casi nada, lo acariciaba durante toda la noche para que él no dejara de canturrear.

Un día se marchó y no volvió más. Dijo algunas cosas antes de irse pero por más que me esfuerzo no las puedo evocar.

A veces pienso que no debí contarle mi secreto: “yo soy un pollito asustado”; pero otras, más bien creo que se fue porque estaba empezando a recordar el suyo.

Cuando se cobijaba entre mis plumas y yo lo acariciaba hasta el amanecer, él despertaba distinto: tibio y blandito y su rostro apacible más parecía el de un niño. Entre la almohada y las sábanas siempre quedaba el trazo de su cuerpo, casi coloreado, como si un poquitito de su piel se hubiese desprendido con tanta caricia.

Yo lo veía contento pero creo que se sentía raro, sobre-todo al momento de salir de la cama y ponerse su capa cuando súbitamente algo en él temblaba.

Me imagino que por eso dejó de venir, dónde se ha visto un valeroso aventurero estremecido por las calles. Habría sido una locura echar así toda una carrera por la borda.

Karine Aguirre



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TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO

entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a:
MOUSSA AG ASSARID,

-¿Qué edad tienes?
-No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles…!
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre.
Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero.
Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo…

¡Qué turbante tan hermoso…!
-Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.

-Es de un azul bellísimo…
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados…

-¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.

-¿Por qué?
- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.

-¿Quiénes son los tuareg?
- Tuareg significa “abandonados”, porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: “Señores del Desierto”, nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.

-¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece… “¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!”, denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.

-¿A qué se dedican?
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio..

-¿De verdad tan silencioso es el desierto?
-Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.

-¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
-Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba… Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre… Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

-¿Sí? No parece muy estimulante…
- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas… Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.

-Saber eso es valioso, sin duda…
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!

-Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¿Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!

-¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro…

-Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja…
- Sí, era eso. También ví carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté… Después, en el hotel Ibis, ví el primer grifo de mi vida: ví correr el agua… y sentí ganas de llorar.

-Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso…

-¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos… Yo tendría unos doce años, y mi madre murió… ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.

-¿Qué pasó con su familia?
- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa… Entendí: mi madre estaba ayudándome…

-¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo…

-Y lo logró.
- Sí. Y así fué como logré una beca para estudiar en Francia.

-¡Un tuareg en la Universidad. ..!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella… Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra… Aquí, por la noche, miráis la tele.

-Sí… ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Allí tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis.¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí prisa… Es el desierto no hay atascos, ¿y sabe por que? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

-Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde…

-Fascinante, desde luego…
- Es un momento mágico… Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor… La calma nos invade a todos: los latidos del sorazón se acompasan al pot-pot del hervor…

-Qué paz…
- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

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